Anibal y las guerras punicas

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A la muerte de Amílcar en 228 adC, Asdrúbal el Bello quedó al mando del ejército cartaginés en Iberia y, asesinado éste en 221 adC, el ejército eligió a Aníbal como estratega. Sin embargo, como sucediera con Asdrúbal, en Cartago el nombramiento fue mal recibido entre los aristócratas, denominados “Los Viejos”, defensores del nombramiento de Hanon Barca, ya que consideraban que era peligroso convertir el mando del ejército en un cargo hereditario y más cuando lo ostentaban miembros de una familia demócrata, como era el caso de los Barca. A pesar de ello, el Consejo púnico confirmó el nombramiento hecho por la tropa.

Vistas las dificultades finalmente superadas de su nombramiento, Aníbal decidió lanzarse a realizar conquistas que demostraran su pericia en el mando y saciaran la sed de oro de los avariciosos aristócratas que tanto habían desconfiando de la oportunidad de su mando. Recorrió el interior de la península ibérica durante dos años alcanzando con su campaña renombre militar, la confianza de sus soldados y tesoros inmensos para Cartago, llegando de esta manera a una situación en la que sí podría enfrentarse a los romanos. Para evitar una inminente confrontación entre Roma y Cartago, Asdrúbal, yerno de Amílcar Barca y general de los ejércitos cartagineses a la muerte de éste, estableció un tratado por el cual no se podía extender la influencia cartaginesa más allá del norte del río Ebro. La alianza entre Roma y Sagunto, firmada posteriormente al tratado, vulneraba este tratado debido a estar la ciudad en la órbita de influencia cartaginesa. Esa es la razón por la que Aníbal atacó Sagunto en el año 219 adC, provocando el estallido de la contienda.